La proliferación de pandillas, los ajusticiamientos, delincuencia y violencia van generando acciones de angustia y desasosiego a la comunidad. Situación esta que también se suma a un ambiente social donde existe en el país un clamor ciudadano por la inseguridad, respuesta a la corrupción y falta de credibilidad política en las esferas gubernamentales.
Ya al final de este Gobierno se ha evidenciado cierta indiferencia en sectores del poder en dar respuestas coherentes para prevenir la ola de robos, secuestros y asesinatos perpetuados por grupos pandilleros que actúan como si fueran sicarios, una modalidad del crimen organizado que si no se toman acciones, irá en detrimento de nuestra seguridad social, amenazará nuestra industria del turismo y, entre otros aspectos, la gobernabilidad democrática. ¿Qué está sucediendo en nuestra sociedad? ¿Por qué tanta agresión? ¿Dónde están los valores? Es tiempo de que empecemos a buscar las mejores respuestas sociales para enfrentar el conflicto, que ya empieza a alcanzar niveles aterradores de intimidación.
Aún es tiempo para llamar a la reflexión frente al escenario, donde se pone en riesgo el verdadero valor de la familia o el vivir en comunidad. Entonces, el nuevo gobierno tendrá que actuar promulgando leyes que sean más enérgicas y sirvan mejor al momento de actuar y así enfrentar el mal social de hoy.
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