Tema de puntualizaciones obligadas, dada las deficiencias mostradas por el Gobierno que acaba de concluir, es evidente que la seguridad pública aparece hoy como una de las altas prioridades de la administración de Ricardo Martinelli.
Lo expresó el día en que tomó posesión como Presidente del país, lo subrayó durante la transmisión de mando en la Policía Nacional; y el ministro de Gobierno y Justicia, José Raúl Mulino, presentó en el Consejo de Gabinete una de las propuestas del nuevo Presidente respecto a la Ley de menores.
El Presidente hizo énfasis en los tres ejes fundamentales de toda Política Criminológica de Estado: 1) Prevención. 2) Represión (fáctica y jurídica). 3) Resocialización; de los que surgirán los planes, las estrategias, metas, objetivos, etc. Pero del cuerpo de sus planteamientos hay aspectos que sobresalen y en los que creo se debe puntualizar.
El presidente Martinelli habló de la necesidad de que la Fuerza Pública cuente con mayor Inteligencia. Uno de los países con los cuales acaba de establecer una alianza, Colombia, ha demostrado como nadie el papel estratégico de este aspecto en las tareas contra el crimen organizado.
Cuando inició el Plan Colombia uno de los renglones privilegiados de su presupuesto fue precisamente el de inteligencia: penetrar, observar de cerca y estar informado del papel de la delincuencia, le ha permitido a ese hermano país prever, neutralizar y hasta derrotar en aspectos cruciales a los grupos irregulares (guerrillas, narcotraficantes, narcoguerrilla, etc.).
El 2 de julio pasado se cumplió el primer año de la exitosa operación Jaque, mediante la cual fue rescatado un importante grupo de rehenes que había permanecido por años en las manos de la narcoguerrilla. Mejor evidencia que esa, imposible.
La materialización de una estrecha cooperación entre Panamá, Colombia y México, daría contexto efectivo a los esfuerzos anunciados por el Presidente. Lo que habría que ver con lupa sería el grado de compromiso que adquiriría Panamá con el acuerdo de Mérida y la situación interna colombiana, esto es, actuar con mano firme en los temas de prevención y represión, pero con la prudencia aconsejable de no inmiscuirnos en los problemas internos de dichos países.
En una alianza de esa envergadura nada sería mejor aporte de Panamá, que la efectividad de sus órganos de seguridad a lo interno del país, pero con una inteligencia depurada y no con informaciones quiméricas impregnadas de falacias políticas. En este sentido el señor Presidente tiene que hacer un cambio.
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