A propósito del tema América Latina después de la crisis financiera, el Centro Woodrow Wilson, con sede aquí en Washington, presentó al ex Presidente de la República Oriental del Uruguay, Doctor Tabaré Vásquez. Médico de profesión, especializado en oncología por la muerte de sus padres producto del cáncer, el Doctor Vásquez Rosas, antes de ser Presidente fue Alcalde de la capital Montevideo; previo a ganar el solio presidencial en 2003, Vásquez se había presentado como candidato dos veces.
A sus setenta años lleno de vida y humor, Tabaré Vásquez critica las demasiadas cumbres, reuniones y conferencias que tienen que asistir los mandatarios, así como las múltiples reuniones de integración a las que van. Nos dice “que sólo con discursos no basta. Un gobernante tiene que concretar; el pueblo no entiende de cumbres”. Como médico explica que si sólo se la pasara diagnosticando y experimentado terapias, al cabo de un tiempo su paciente muere porque no concretó nada para eliminarle su dolencia.
Según Vásquez, América Latina tiene que quitarse dos mitos de encima: el que vive de siesta en fiesta y la mala praxis del “quejismo”, echando la culpa de todo al imperio de turno, fuera éste portugués, español, francés o norteamericano. De nada sirve quejarnos, sentencia, hay que tener visión de futuro, porque es en base a ello que se construyen proyectos a largo plazo. La culpa ha sido nuestra porque por esperar que todo fuera hecho afuera, no pudimos preparar nuestro propio proyecto de región como si lo hicieron los Estados Unidos y Europa.
“La crisis financiera no fue casual ni repentina: simplemente el capitalismo enloqueció”, señalando que lo peor ya pasó. Explica que la solución no está en el proteccionismo que acaba con el comercio, ni con el autoritarismo que liquida a la democracia. Sin embargo, cuestiona que quienes eso exigen que practiquemos son los primeros en establecer subsidios, cuotas y protecciones para lo que producen ellos. Para él mucha culpa la tienen los economistas, que como dijera John Kenneth Galbraith, “no tenían idea de lo que pasaba y otros que ni siquiera saben eso”.
El programa de Vásquez se fundamentó en apostar al crecimiento con justicia social; a generar puestos de trabajo decentes; a preparar a la gente. Uruguay fue uno de los pocos en América Latina que en este periodo logró crecer económicamente. Bajó el desempleo al 6.9%; de 32%, bajó la pobreza al 19%. Al llegar su país no tenía reservas, las cuales dejó en más de 8 billones de dólares. Hoy cada alumno y cada profesor disponen de una computadora con Internet gratuito, lo cual iguala las oportunidades de acceso a la educación de toda la población.
Como concluyera su disertación sencilla, hay que gobernar para el pueblo. Tan sencillo como eso. |